Era un frío día de enero con nieve en el
aeropuerto Madrid-Barajas y el señor Senar y yo partíamos rumbo al que en
principio sería nuestro nuevo hogar los siguientes cuatro meses y medio.
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| Foto en el museo de Colón, Santo Domingo |
Durante 9 horas de viaje cruzando el charco
perseguíamos la puesta de sol en la que fue la tarde más larga jamás vivida
(para quienes todavía no habíamos descubierto las américas). Finalmente, aterrizamos en el caribeño aeropuerto de
Punta Cana a las 8pm y al bajar notamos el brusco golpe de caloret tropical que
nos acompañaría todos los días de invierno y nos reunimos con los mejores guías
dominicanos made in Spain and Argentina; Catxap y Mónica.
Tras estar un par de días en el ambiente
turístico-festivo de Bávaro, partimos hacia nuestro destino: La Romana. Tercera
ciudad más grande en República Dominicana y conocida como la ciudad más
católica del país (que ya de por sí se caracteriza por tener la biblia abierta
en el centro de su bandera), La Romana está dividida en dos zonas:
Por una parte, Casa de Campo, un
residencial enorme totalmente protegido por guardias de seguridad y cuyas casas
en el interior son de la categoría de las del Príncipe de Bel-Air, y en las
que viven o se hospedan las más importantes (económicamente hablando) figuras
políticas y famosos a nivel mundial.
Mientras que, al otro lado de la ciudad, el
turismo es poco habitual, no te encuentras a muchos gringos blancos como tú por
la calle, por lo que pasas a ser un foco de atención identificable a la llamada
de: “¡Americano/a!” (o lo que es lo mismo, presa fácil para estafar). A lo que iba, la actividad
económica principal en esta zona es la producción de azúcar de caña. La mayoría
de la población dominicana está destinada a permanecer en este lado de la
ciudad o pasar al otro para trabajar por un coste inferior al vino que
sirven en la mesa, porque sus salarios están de media en torno a los RD$
10,000 mensuales, que equivale a unos 200€.
El único sistema ferroviario que hay en el
país está destinado al transporte de la caña desde los campos hasta la fábrica
que se ubica en La Romana y cuyos dueños son los mismos que los del residencial
de Casa de Campo. Los campos sólo dan beneficios a quienes cultivan la caña
durante la mitad del año. Es por eso que en éstos poblados, los Bateys, que se
forman alrededor de los campos de caña, hay un alto índice de pobreza, analfabetismo y VIH.
Un dato impactante es que la esperanza de vida es de 50 años y que más del 50% de
la población dominicana son menores de 25. La mayoría de las escuelas
están sobrepobladas, y aún así, ver por la calle a niños limpiando botas,
vendiendo pastelitos, limpiando cristales de coches o dando sus primeros
pinitos como delincuentes es lo más común en un paseo por la ciudad.
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| Calles de La Romana |
Tras ir asimilando estas diferencias
sociales y culturales, además de a ver a cualquier persona armada por la calle, de asumir el hecho de que el agua caliente, la lavadora como la conocemos, la
ausencia de tomate frito Hacendado, la luz 24 horas y el internet o cobertura
de calidad son lujos del primer mundo, empezamos a valorar el valioso
patrimonio que conserva este país: ¡su alegría!
Porque claro que sí, son gente salá, eso
no lo puede negar nadie. Hay música por todos los rincones del país, y si no
hay música en un autobús alguien saca su móvil y la pone bien alta para que
nadie se quede sin su dosis diaria de Romeo Santos y demás repertorio
bachata-reggaetonero, o dembowero en el peor de los casos.
No debemos olvidar que es un país muy
machacado históricamente por tropecientas invasiones incluida la de nuestro
compatriota Colón. Y a pesar de ello nadie nos ha tachado de inmigrantes ni nos
han dicho que nos vayamos a trabajar a otro país, a no ser que seas de
nacionalidad Haitiana, ahí si que tienen un
grave problema de racismo por solucionar.
Anyway, que tienen sentido del humor, se
saludan por las calles, hacen bromas en seguida que tienen confianza y como la
tecnología todavía no les ha invadido, son seres que se socializan, que hablan
en los autobuses. Son niños que juegan en las calles y en los colegios, que
fabrican cometas o instrumentos, que desean ser cantantes y que leen libros de
los de toda la vida. ¡Son felices con un bolón (Chupa-Chups)!
Y hablando del grandioso mundo de los
niños, esta ha sido sin duda nuestra mejor experiencia a nivel personal, tanto
para el Sr.Senar como educador profesional como para mí que lo soy de forma
aficionada. Hemos conocido la realidad de la sociedad a través de los niños,
que son de siempre los mejores narradores de historias del planeta. Además,
estos no son niños cualquiera, son super-niños, acogidos en una escuela que
trabaja con los niños procedentes de las capas más pobres de la sociedad de La
Romana y en la mayoría de los casos de familias monoparentales o con serios
problemas de alcoholismo, prostitución, violencia, etc.
Lo supimos no sólo porque la escuela lo
venda de esa manera, si no porque vimos a niños llorar desconsoladamente un par
de veces cuando sonaba el timbre que anunciaba la vuelta a casa o cuando se les
rompía una zapatilla jugando.
A pesar de que la disciplina y la
educación brillaban por su ausencia en las aulas, y muchos días nos superaba la
impotencia, no podías culparles por ser el resultado de lo que perciben
diariamente a su alrededor. Y, aunque no siempre lo confiesen verbalmente,
están agradecidos por las ganas y cariño que pones en ellos y hasta los más
guerreros responden con grandes sonrisas y abrazos por los pasillos. ¿Hay algún
billete que valga más que eso?
Si en alguna entrevista vuelven a
preguntarme cual ha sido mi mayor logro, explicaré sin duda que fui
pseudo-profesora improvisada de literatura de un grupo de niños de una escuela
que competía con otras escuelas de la ciudad y que los tres ganadores del
concurso fueron de mi grupo de alumnos. Estoy en contra de la competición, pero
en este caso resultó ser un comprobante de que la cooperación funciona mejor,
porque en clase habíamos trabajado como un equipo con una misma meta,
representar a la escuela.
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| Primer día de Kala en casa |
Como dice la canción de Bombay Bicycle
Club- Youalreadyknow, y últimamente
Pablo Motos en su video viral tocando la patata: Weknowwe can always be
someonebetter. Y en ello estamos, aunque por motivos de subsistencia económica
haya sustituido el voluntariado de una escuela por formar parte del equipo de
RRHH de otras dos escuelas en la ciudad. Sin embargo, Sr. Senar y nuestros
compis de casa, de curro y de vida Catxap y Rodolfo (el dominicano más molón y
open-minded) siguen trabajando en cambiar el pequeño mundo de esos niños para
abrirles paso al camino del conocimiento, del razonamiento y del respeto.
Continuará… (o no)




